Solía saltar desde el tercer o cuarto escalón del garaje del edificio donde vivía hasta que un día caí mal y sufrí un esguince de tobillo muy doloroso. Luego de cuatro semanas de yeso, nunca volví a donde el médico ni hice ningún tipo de rehabilitación. Desde entonces, mi tobillo ha sido uno de mis puntos débiles.
A veces cuando mi esposa está haciendo trabajo físico en casa como limpiando o atendiendo a nuestra hija menor, suele sentir un punzón en la espalda que la deja paralizada literalmente. Un intenso dolor la embarga y tiene que acostarse por uno o dos días sin tan siquiera poder ponerse las medias.
Mi mamá, ha sufrido de dolores en las coyunturas de sus dedos de las manos desde muy joven. Siempre ha estado resignada a sufrir los estragos de la artritis que, según ella, mi abuela le heredó y de lo cual siempre se quejó amargamente.
Hace aproximadamente tres años, mi padre, en uno de sus arrebatos intelectuales, decidió convertirse en apicultor. Luego de ver un programa en TV, le pareció tan fascinante la idea que comenzó a comprar libros y a empaparse del tema para, luego de un par de meses, adquirir su primera colmena de verdad. Después seguiría la segunda, y así sucesivamente hasta llegar a tener aproximadamente cincuenta.
Si bien es cierto, al principio el oficio de apicultor fue interesante y entretenido, había oculto en estos pequeños insectos un poder curativo increíble que se ha convertido en el medio de subsistencia de mis padres, así como en una oportunidad para traer bienestar y mejoría a cientos de adoloridos pacientes.
Este poder se llama APITERAPIA, que no es otra cosa que utilizar los productos de una colmena de abejas en el tratamiento de algún mal cuya complejidad le impide ser tratado por la medicina tradicional. En español, apiterapia es curarse ciertas enfermedades con picaduras de abejas, más consumir miel, polen, propóleo, jalea y cera de abejas.
¿Cómo funciona? Resulta muy sencillo en realidad. Tener la voluntad y valentía para soportar un piquete de abeja, que es bastante parecido a una inyección hipodérmica. Mis dolores del tobillo desaparecieron casi totalmente a partir de que me aplico una picadura periódica, así como los dolores de espalda de mi esposa, y qué decir de las manos de mi madre que no solo dejaron de doler, sino que dejaron de torcerse.
En realidad, la apiterapia es una ciencia mucho más compleja y avanzada de lo que aparentemente podríamos pensar. Hay verdaderos tratados médicos respecto de este tema, y año a año se dictan congresos y seminarios sobre nuevas técnicas y avances.
Pero no me crean a mí. A las finales, yo soy hijo del dueño y puedo decir cualquier cosa por venderles el producto. Si tienes algún familiar que tiene algún dolor crónico, o algún mal difícil de curar, anda por curiosidad a Yaguachi, y mira a ver si te convence esta terapia alternativa... Nada se pierde con probar verdad?
APITERAPIA YAGUACHI,
202-0261 - (09)706-7447
No hay comentarios:
Publicar un comentario