El día de ayer domingo, salimos con mi familia a almorzar en un restaurant de Pizza Hut. Mientras nosotros disfrutábamos de la comida, unos trabajadores del establecimiento rendían un examen por algún tipo de capacitación que estaban concluyendo.
Grande fue mi sorpresa al ver que todos, TODOS, copiaban de la forma más descarada, mirando la hoja del compañero, conversando entre personas de la misma mesa, e incluso hablando en señas con compañeros que estaban sentados a relativa distancia unos de otros. Todo esto a vista y paciencia del instructor que se hacía el loco y en tono de broma les pedía que hagan la prueba en forma personal.
Aparentemente, el comportamiento observado no debería sorprendernos ya que probablemente se trataba de alguna capacitación sin importancia. Y además, casi toda nuestra sociedad copia o ha copiado en algún momento de su vida académica. "Mal de muchos consuelo de tontos"
En primer lugar, se trataba del puesto de trabajo de todos ellos. Si se toma en cuenta que es la fuente de ingreso económico de sus familias, estaban dándole mínima importancia al asunto, incluso a sabiendas de que un comportamiento incorrecto podría acarrear en una sanción o incluso el despido. Segundo, se trataba de personas adultas. No eran quinceañeros o púberes los que rendían el examen. Eran personas con su criterio totalmente formado. En tercer lugar, no parecían personas de escasos recursos o que hayan tenido una educación limitada. Al contrario, todos se veían como personas que al menos habían terminado la secundaria y con buen aspecto personal
Ante todo esto, me preguntaba horrorizado "Cómo es posible que en Ecuador seamos tan corruptos?" La copia (léase el engaño) es una falta muy seria. Y en nuestro país ni siquiera nos damos cuenta de ello. Este caso sencillo se puede extrapolar a todos los aspectos de la sociedad, incluso al auge de la delincuencia en nuestra ciudad y en nuestro país.
Cuando veíamos este panorama, le comentaba a mi esposa que cuando yo viví en EEUU en mi época de secundaria, observaba con sorpresa que allá no se copia nunca. El que es encontrado copiando recibe un castigo ejemplarizador, y es muy difícil hacerlo porque nadie se deja copiar. El estudiante que sorprende a un compañero haciendo un acto de este tipo lo denuncia inmediatamente con el profesor y nadie de los compañeros lo llaman "perro" o "chismoso". Pero acá, al parecer tenemos miedo de que nos tilden de chismosos y preferimos callar o incluso alcahueteamos al vago no denunciándolo.
Esta descomposición se traslada desde las aulas hacia todo estamento de la sociedad público o privado. Si copiamos en la escuela, de seguro lo haremos en el colegio, en la universidad, en el trabajo, en la capacitación profesional y en la maestría. Depende de nosotros (porque ya estamos corrompidos como generación) inculcar esos valores tan íntegros a nuestros hijos y hacerles ver que la copia es una estafa contra ellos mismos. Hacerles ver que denunciar al copión, en la escuela, es lo mismo que denunciar al delincuente en la vida posterior. Si hay tanto pillo en la calle es porque tenemos miedo que nos llamen chismoso o perro por haberlo denunciado.
Perdamos el miedo ya y hagamos de nuestra sociedad ecuatoriana una que sea más sana, más honesta y más decente.
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